Emites y te desentiendes
Sale la factura y el agente toma el control: recordatorio amable a los cinco días, seguimiento a los quince, escalamiento a los treinta. Tú no escribes ni un mensaje.
Agentes de WhatsApp y correo que cobran por ti cuidando el tono. Recuerdan, hacen seguimiento y escalan solos hasta que el pago entra, sin que el cliente termine odiándote.
Un cliente molesto por cómo le cobraste no vuelve, y en un estudio jurídico el cliente que vuelve es el negocio. Por eso el tono no es un detalle: es lo primero que configuramos.
La mayoría de los estudios no cobra a tiempo por una razón muy humana: incomoda. Y cuando por fin cobran, lo hacen tarde y de mala manera, porque ya llevan meses aguantando. El agente rompe ese ciclo.
Tres momentos concretos en que el agente hace la parte del trabajo que nadie del estudio quiere hacer.
Sale la factura y el agente toma el control: recordatorio amable a los cinco días, seguimiento a los quince, escalamiento a los treinta. Tú no escribes ni un mensaje.
El cliente pregunta por WhatsApp “¿me mandas el detalle?” y el agente se lo envía al instante, con el desglose de horas ya aprobadas.
En tu panel ves qué está pagado, qué está en conversación y qué necesita que intervengas tú. Nada más.
Defines cómo habla el agente: formal, cercano, firme. Cobrar sin incomodar es un problema de tono, y ese lo decides tú una vez.
No es solo el recordatorio. Es el seguimiento, el envío del detalle, la confirmación del pago y el registro en tu panel. El proceso completo, sin que nadie del estudio lo empuje.
Si el cliente objeta el monto, pide un acuerdo de pago o deja de responder, el caso se escala a ti con todo el historial de la conversación. Intervienes donde tu criterio suma.
Cobrar es la parte del trabajo que nadie quiere hacer. Es exactamente por eso que la hace un agente.
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